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Mercado público de valores de Colombia y reforma

Colombia necesita reformar urgentemente su mercado de valores, de lo contrario se arriesga a ser excluida de los mercados globales y de las oportunidades de crecimiento. A pesar de muchos esfuerzos de reforma, la estructura de valores actual de Colombia es incoherente, confusa y se queda corta, manteniendo estándares internacionales. Esto ha desanimado a nuevos emisores, a que se inscriban en el mercado y ha espantado a posibles inversionistas, perpetuando por consiguiente los patrones de concentración del patrimonio, bajos niveles de liquidez y compañías no-competitivas.

Estudios recientes de la IFC y la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) expusieron las debilidades del mercado Colombiano de valores y muestran que la situación se está deteriorando. Para empezar, la propiedad de las acciones permanece altamente concentrada y está estimada en alrededor de 74 por ciento.31 Sin embargo, la extensión de la concentración es aún mayor porque -gracias a vacíos legales- el grupo de los accionistas beneficiados es casi el mismo de una compañía a la otra. Estos vacíos legales también hacen que sea extremadamente difícil, para los nuevos participantes, entrar en el mercado. Más aún, un estudio internacional clasificó a Colombia como uno de los países con más baja formación de capital; sobrepasa sólo a Argentina, Indonesia y Nigeria. Las cifras de la ANIF muestran que el mercado bursátil Colombiano representa sólo el 12% de su producto interno bruto (PIB) ($10’400 millones de dólares) en el 2000, cifra que baja de un 21% del PIB ($22’600 millones de dólares) en Agosto de 1997.32 La propiedad de acciones extranjeras cayó a $358 millones en Junio del 2001, de $1’580 millones en Marzo de 1998. Como fue mencionado previamente, la inversión extranjera, en general, también ha decrecido en los años recientes.

Claramente, los mercados Colombianos de valores no tienen la liquidez para financiar la expansión de las nuevas firmas existentes que se han dejado solas. Por consiguiente, la mayoría de las firmas se ven forzadas a obtener créditos del sector bancario. El sector bancario, por su parte, usa su posición monopolística para cobrar tasas de interés enormemente altas y para restringir el acceso al crédito de las firmas. Un estudio reciente de la ANIF indica que en el 2000, la fuente real de financiamiento del sector incluía generación interna de efectivo (72%), cuentas por cobrar (12%), obligaciones financieras (10%) y acciones (5%). Las compañías no pueden emitir bonos de renta fija, sin la garantía de un banco. Esto, en cierto modo, vence al propósito de tratar de recaudar fondos del mercado de capitales porque, con la garantía de un banco, uno puede de igual forma pedir prestado al banco. Sin embargo, pedir prestado al banco no es siempre fácil o factible. Los bancos usan casi todos sus fondos para comprar bonos del gobierno porque son considerados de menor riesgo que los préstamos al sector privado. En breve, las compañías son dependientes de la pequeña cantidad de créditos de alto interés que los bancos están dispuestos a extender al sector privado.

Otro obstáculo retrasando el desarrollo de los mercados Colombianos de valores es que los propietarios, administradores, o accionistas mayoritarios de las compañías temen que al revelar información y abrir sus compañías, ellos podrían, si se les obliga a revelar estrategias exitosas de negocios, perder la ventaja competitiva o el control sobre la compañía. Este temor es generalizado en varios países y representa un reto serio, al que los reformistas deben sobreponerse.

Claramente, otros factores son responsables de las desalentadoras condiciones de los mercados de valores Colombianos. También han contribuido las pobres políticas macroeconómicas y la inseguridad política y social. Estas complicaciones no se solucionarán a través de regulaciones financieras.



31 Vean el Papel de Discusión de la Corporación Internacional de Financiación No. 39 de 1999, de Anthony H. Aylward y Jack Glen, “Mercados Primarios de Valores: Hallazgos en todo el País”.
32 Carta Financiera No. 119, Asociación Nacional de Instituciones Financieras, 2002, pp. 52-54

 
 
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